Uno de los palos más grandes que te puede dar la vida es una infidelidad por parte de tu pareja.
En primer lugar, la infidelidad se puede dividir en dos grandes grupos: 1) Infidelidad puntual: es por ejemplo el tipo que una noche salió con sus amigos, se emborrachó de más, y cometió un desliz; 2) Infidelidad vivencial: es el caso del tipo que lleva abiertamente una doble vida y tiene dos (o más) relaciones a la vez, que son duraderas en el tiempo y en el espacio.
En el primer grupo, la persona que comete la infidelidad no está actuando con mala fe. Suele ser alguien sincero, honesto, enamorado de su pareja, que por esas cosas del destino se vio llevado a una situación que lo sobrepasó y no pudo controlar. Aquí el infiel tiene más para perder que para ganar. Por empezar, si como es de imaginar estaba en un lugar público –una disco, un bar, un restaurante– posiblemente casi no haya “disfrutado” de la aventura, por estar más pendiente de que no lo agarraran que de la mina que tenía enfrente: la paranoia y el miedo a ser descubierto son más fuertes que el goce en sí.
El segundo grupo, en cambio, está formado por personas que han hecho del engaño, la falsedad y la traición una forma de vida. Todo empezó como un juego, dijeron una primera mentira para salir con otra mujer, luego otra mentira para justificar la anterior, y así sucesivamente hasta llegar a un punto en que todos sus actos están regidos por el fraude. Sus vidas se han convertido en un cúmulo de falsedades que están unidas unas a otras como un frágil camino de fichas de dominó, donde la caída de una implica la caída de todo el resto.
Donde tampoco existe demasiado placer en la aventura, ya que el infiel vive más preocupado por no equivocarse de coartada, por no confundirse los nombres, las fechas y las salidas que se hicieron con cada una de sus amantes, que en el disfrute mismo. El traidor entra en un grado de estrés y nerviosismo por mantener una cierta coherencia en sus falsedades, que pierde cualquier tipo de placer en la aventura. Si encima a eso le sumamos el desgaste que implica cumplir con todas sus parejas, podemos concluir que la persona terminará con un agotamiento físico, mental y monetario más que importante.
En la mayoría de los casos, para el que comete la traición, la aventura no tiene un gran significado. Simplemente es un poco de adrenalina, un poco de goce físico y un poco de placer por lo prohibido. Nada más. Ni es algo que le cambiará la vida, ni algo que recordará como uno de los mejores momentos de su existencia. Tampoco hay de por medio un gran amor ni nada que se le parezca.
En cambio, para la persona traicionada un simple beso puede ser el peor de los males. Y una vez rota la confianza, ya nada volverá a ser lo mismo... Al desaparecer la confianza, la sospecha rondará cada palabra y cada acción venidera, y ya no habrá tranquilidad posible. Cualquier gesto, cualquier retraso, cualquier llamado telefónico será motivo de duda y origen de una pelea.Y eso en el mejor de los casos, cuando el infiel es perdonado. Muchas veces, por un beso de morondanga dado a una gorda estando borracho, podemos perder para siempre al amor de nuestras vidas...
Claro que también se dice que si uno está bien con su pareja no tiene necesidad de ser infiel. Podemos inferir que la infidelidad sólo se da en casos en que la pareja anda mal o tiene problemas. Sin embargo hay que reconocer que el cuerpo es débil y, más allá del amor verdadero y sincero que se pueden profesar los amantes, un desliz lo puede tener cualquiera. De vez en cuando todos nos cansamos de comer siempre sopa y queremos un poco de carne nueva.
Otro tema para analizar es el de la autoestima, que muchas veces puede confundirse con la arrogancia. No son pocos los casos en que la traición aparece por una necesidad de demostrarnos a nosotros mismos que todavía somos capaces de conquistar a alguien, de ser deseados por otra persona, etcétera, etcétera. Después están los que son infieles por venganza, por aburrimiento o por la búsqueda de nuevas experiencias. En este último caso aparece la famosa excusa de los descubiertos in fraganti, que no sólo se deslindan de toda responsabilidad en el asunto, sino que encima le echan la culpa a su pareja: “si no me hubieras descuidado, yo no habría ido a buscar alguien que me diera cariño afuera”....
¿Pero qué conclusión podemos sacar de esta acumulación de ideas incoherentes? ¿Acaso que ser infiel no es conveniente y que hay mucho más para perder que para ganar? Bueno, yo diría que si decidimos serlo, por lo menos que el riesgo valga la pena, es decir, que la aventura sea con una diosa infernal. Para comer pan duro, mejor comamos el que está en casa. Si vamos a hacer sufrir a la otra persona, que sea por un premio mayor al que ya tenemos. Y en todo caso, si el premio es mayor y el amor es correspondido, lo ideal es dejar de ser infiel: simplemente hay que cambiar de pareja y listo.
"Y ahora llega el momento de asumir la verdad, me refiero a aquello que yo no quería ver pero todo el mundo veia. No esque yo no supiera lo que podía pasar, es más, estoy segura de que no ha sido la primera vez. Pero claro, no es lo mismo imaginarlo a verlo. A veces una imagen vale más que mil palabras,al igual que aveces puede una imagen hacer mil pedazos una ilusión. Esos labios no eran los míos, pero él los besaba"
Entré por curiosidad y su post me pareció demasiado verdadero. Es una lástima que estos hechos ocurran con tanta frecuencia en el mundo en que vivimos, y es más, me parece deleznable que luego se intenten solucionar las cosas como si nada. Pero son estas cosas las que hacen que el ser humano abra realmente los ojos y vea que hay a su alrededor y con quien realmente debe quedarse y a quien/es desechar de su vida.
ResponderEliminarAnte todo, fuerza, que nadie te pisotée como si de una baldosa se tratara. Sé tu misma y valorate. Mucho ánimo.